EL CARPIO: Torre de Garci-Méndez

En la comarca del Alto Guadalquivir, a 31 kilómetros de Córdoba por la autovía A-4 en dirección a Madrid, se encuentra la villa de El Carpio. “El Carpio está orillas del Guadalquivir arriba de Cordova, cinco leguas, tiene 1000 vecinos, es abundante de pan, vino, azeyte, frutas y pesca; se cria mucha seda, tiene un castillo muy famoso; es cabeça del Marquesado, es del Marques del Carpio, tiene un famoso Castillo, una parroquia, un Convento, un Hospital, y tres Ermitas”. Así era la referencia dada de esta población en el siglo XVII.

Al norte de esta población, a una distancia de un kilómetro, se encuentra la ermita de San Pedro, en la zona conocida como Alcocer, Huerta de Alcocer o Pago de Huertas. Es un espacio, comprendido entre el Camino de San Pedro y la orilla izquierda del Guadalquivir (donde se localizan Las Grúas o Presas) y con una altitud de entre 130-132 metros sobre el nivel del mar, donde se localiza el yacimiento conocido como “Ermita de San Pedro”.

Los estudios arqueológicos permitieron detectar vestigios de presencia humana desde el Paleolítico, aunque el asentamiento permanente se produce durante la Edad de Bronce, tal vez entre el segundo y el primer milenio antes de Cristo. La excavación parcial puso de manifiesto la existencia de dos unidades estructurales posiblemente coetáneas. Una “podría haber encarnado la base de un área doméstica, la cual hemos interpretado como el fondo de una cabaña circular”. La otra, “por el contrario, contaría con un diámetro con seguridad inferior, pudiendo identificarse base a este rasgo con un área de almacenamiento (…)”. Ambas estructuras podrían catalogarse de manera provisional en el Calcolítico Final.

En esta misma zona de Alcocer, el asentamiento humano cobra más importancia en los períodos ibero-turdetano (VI-II a. C.), romano y musulmán. Sobre la base del pequeño núcleo ibérico, los romanos establecen su propio recinto fortificado en el cual que los estudios arqueológicos pusieron al descubierto algunos elementos constructivos. En la elevación donde se asentaba el palacete musulmán de al-qusayr se ve un muro, de unos once metros, construido con guijarros y cantos rodados unidos con mortero que, como señala José Luis Pino, puede corresponder a una etapa anterior a la musulmana. Este asentamiento ibero-romano gozaba de una posición estratégica para controlar las vías de comunicación y asegurar una zona de gran producción agrícola como se deduce de las monedas allí encontradas que llevan la leyenda “Onuba” rodeada por un par de espigas. Muñoz Vázquez, en su Historia de la Villa de El Carpio, “recoge las diferentes hipótesis planteadas con respecto a la identificación del posible emplazamiento de esta ciudad ibero-romana de Onuba, y, particularmente, se decanta por situarla en el entorno de la Ermita de San Pedro (El Carpio), en donde, posteriormente, se ubicó la Al-Qusayr (Alcocer) medieval. Puede que sea ésta la hipótesis más verosímil, pero algunos de los argumentos con que este autor trata de fundamentarla carecen, a nuestro entender, de suficiente consistencia”.

Los musulmanes se asentaron, sin poder hoy determinar la fecha, sobre este recinto y construyeron un pequeño palacio-fortaleza que se conoce como Al-Qusayr del que derivará el nombre de Alcocer ya en época cristiana. En noviembre de 2016, solo se podían apreciar dos restos de la muralla de tapial que protegía el recinto: uno de los lienzos tiene unos cinco metros de alto y dieciséis de longitud; el otro, más pequeño, cuenta con tres metros de alto y unos ocho de longitud. “El período principal de ocupación del mismo, al que pertenecen la mayor parte de los restos medievales conservados, fue almohade, datado entre medios del siglo XII y mediados del XIII, puesto que a él parece poder adscribirse tanto el origen de los restos de fortificación conservados como la cerámica hallada en niveles superiores del yacimiento”.

Esta pequeña fortificación fue construida posiblemente para controlar el sector de la romana Vía Augusta que, con la misma orientación que el río Guadalquivir, unía Córdoba con Andújar, el llamado “camino o carrera de Andújar” en el siglo XIII. La referencia más antigua de al-Qusayr (la Alcocer cristiana) “se la debemos al historiador árabe al-Idrisi, quien en su estudio del río Guadalquivir (de hacia 1154) donde menciona las villas y lugares por donde éste pasa señala que sale de un estanque formado por la reunión de las aguas en el seno de la montaña y que dirigiéndose al monte de la Nochenda pasa por Úbeda, después Baeza y por las inmediaciones del Fuerte de Andújar; pasa por Cántara (Montoro) y se dirige a Alcoçer, situada en la margen izquierda de este río, pasando después por el puente de Extesán y Córdoba.

Alcocer fue conquistado por Fernando III en el año 1240 y el 14 de mayo de 1241 hace donación de parte del término conquistado a los Méndez de Sotomayor que colaboraron en la conquista de Alcocer: “Conoscida sea a todos quantos esta carta vieren cuémo yo don Ferrando por la gracia de dios rey de Castiella e de Toledo, de León e de Galicia e de Córdoba en uno con la Reyna Doña Johana mi mugier e con mis fijos Don Alfonso e Don Fedrico e Don Ferrando de consentimiento e de placar de la Reyna Doña Berenguela mi madre ffago carta de donamiento e de otorgamiento de confirmación e de establecimiento a vos don Petri Mendi mío ome a vuestros ffijos e a todos vuestros subzesores (…) otorgo a vos don Petri Mendi cinco yugadas de tierra año e vez sobre Alcocer. e a vos garci meléndez de Soto-matorvro. ffijo cinco yugadas de tierra año e vez sobre Alcocer. e a vos garci Meléndez suffijo cinco yugadas año e vez sobre Alcocer. e a vos rruy meléndez cinco yugadas año e vez sobre Alcocer. e a vos oveti garcie cinco yugadas año e vez en el mismo logar dicho e dovos e otórgovos a vos don Petri Mendi unas casas dentro de la calle de sact. maría junto a las de juan de armio a mal burguet… facta carta apud Toletum Rey exp. XIV die de maio era M.C.C.L.X.X. e nona8” .En este documento de donación no figura Suero Méndez de Sotomayor, hermano de Pedro Méndez, que también recibió las “cinco yugadas” o 180 fanegas.

Tal donación también es recogida posteriormente en una copia del “Libro de diezmos de de donadíos de la Catedral de Córdoba” donde se dice: “Todas las copias coinciden en leer “Alkázar”, añadiendo la de Pedro Díaz de Rivas “en el alcázar de El Carpio”. El lugar es identificable con las ruinas del castillo de Alcocer a orillas del Guadalquivir en el término de El Carpio. La donación de Fernando III 30 yugadas (1080 fanegas) recayó en la familia Meléndez y en Ovieco García (…) a cada uno le correspondieron cinco yugadas (180 fanegas)”.

Las posesiones de los Méndez de Sotomayor se ampliaron al recibir el señorío de Jódar, otorgado por Fernando III en 1231 a Sancho Martínez, gracias al matrimonio de Garci Méndez de Sotomayor, nieto de Pedro Méndez, con Juana Rodríguez de Jódar, nieta de Sancho Martínez.

El hijo de este matrimonio, Garci Méndez de Sotomayor, hereda el señorío de Jódar y todos los donadíos repartidos por Fernando III: “Recayeron en este cavallero todos los Donadíos repartidos por el Santo Rey al linage de Sotomayor en Alcocer (…) En el sitio del Carpio estaba fundada una Torre antigua, parte demolida; y reconociendo Garci Méndez que la población de Alcocer (…) estaba más defendida en sitio alto, no solo fabricó la fortaleza, sino también trasladó la Población al abrigo del Castillo del Carpio que fundó por el año 1325”.

Cierto es que para la construcción de la Torre de Garci Méndez se eligió en una elevación, distante un kilómetro de Alcocer, y su emplazamiento se fijó en el punto más elevado a unos 182-183 metros de altitud, pero también hay que considerar el beneficio económico que representaba para los Sotomayor afincarse en la tierras de lo que será su senorío y alejarse de Alcocer que estaba bajo la jurisdicción de la ciudad de Córdoba. También es cierto que sirvió de base para el nacimiento de la nueva población de El Carpio, pero no la afirmación de que trasladó la población de Alcocer. En Alcocer siguió existiendo la parroquia rural creada en 1260 por el obispo de Córdoba, Fernando de Mesa, y (Muñoz Vázquez mantiene que nunca llegó a despoblarse) su despoblamiento se fue produciendo a lo largo de los años.

La “Torre de Garci Méndez” es el centro del Señorío de los Méndez de Sotomayor en el reino de Córdoba, quienes también, durante el siglo XIV, tuvieron presencia señorial en Jódar y Bedmar ya en tierras de Jaén.

El señorío de Jódar estuvo en poder de los Sotomayor hasta que Luis Méndez de Sotomayor, quinto señor de El Carpio, lo vendió al Condestable de Castilla Ruy López Dávalos en los últimos años del siglo XIV . El mismo Luis Méndez compró el señorío de Morente y, al inicio del reinado de Enrique II, tuvo bajo su jurisdicción la villa de Bedmar que, en 1370, volvió otra vez a la Orden de Santiago.

Los Méndez de Sotomayor están colocados en una posición intermedia entre la nobleza cordobesa del siglo XV: “Por encima de ellos encontramos a las tres grandes ramas de la familia Fernández de Córdoba-condes de Cabra, señores de Aguilar y Alcaides de los Donceles- que eran titulares de señoríos más extensos y ricos y ostentaban un poder superior. (…) Su nivel, a escala regional, sería muy semejante, aunque quizá algo inferior, al de los Portocarrero de Palma (…) La comparación con los señores de Montemayor es más sugestiva (…) La comparación es oportuna también si atendemos a la actuación respectiva de estos dos señores en la luchas políticas del siglo XV. Desde su posición intermedia en la escala nobiliaria cordobesa actuaron como una especie de satélite de los linajes más importantes. (…) los Méndez de Sotomayor estuvieron siempre en la órbita de los señores de Aguilar, mientras los señores de Montemayor giraron en torno a los condes de Cabra”.

El señorío de El Carpio se engrandece cuando entronca con el linaje de los López de Haro mediante el matrimonio, en 1478, de Beatriz Méndez de Sotomayor con Diego López de Haro. Este deseaba ser titular de un señorío importante de aquí que asumiera un alto riesgo con este matrimonio: ”Diego ofreció en arras la suma más elevada que se conoce entre todos los matrimonios nobiliarios en la Córdoba del siglo XV, 500.000 maravedíes (…) El problema era que la herencia de Beatriz iba a ser sin duda disputada por sus primos varones, por lo que la inversión de Diego podía irse al traste si su mujer no llegaba a heredar”. Luis Méndez de Sotomayor fallece en 1486, diez años antes había fallecido su hijo Garci Méndez sin descendencia legítima, por lo que el señorío pasa a manos de la hija de Luis Méndez, Beatriz. El primo de Beatriz, Luis Méndez, emprende un pleito para hacerse con el señorío. “Beatriz contó con el apoyo de la propia reina Isabel que le escribió (…) para respaldar se derecho al señorío y comunicarle su deseo de apoyarla. El problema, sin embargo, se solucionó algunos años más tarde. Sabemos, por el testamento de doña Beatriz, que el precio que hubo que pagar al aspirante por su renuncia estuvo compuesto por 9.000 ducados de oro y una copa de plata”.

En el año 1504 se constituye el mayorazgo del señorío de El Carpio y Morente, ratificado en 1508 por la reina Juana.

En 1559 Diego López de Haro y Sotomayor, nieto de Beatriz y Diego, será el I marqués de El Carpio por concesión de Felipe II. Y este mismo rey facilita la expansión del marquesado al venderle, debido a sus problemas económicos, las villas de Pedro Abad y Adamuz en 1564 a Luis Méndez de Haro por 30.000 ducados de oro a pagar en tres años. La buena relación que los Méndez de Haro mantiene con Felipe II queda reflejada en la visita que este rey realiza a El Carpio en 1571.

En el siglo XVII los López de Haro incrementan su influencia en la Corte de Felipe IV, cuando su familiar Gaspar de Guzmán y Pimentel, más conocido como conde-duque de Olivares, se hace cargo del gobierno como valido y, además, introduce al servicio del rey a su joven sobrino Luis Méndez de Haro quien, en 1643, sustituye al conde-duque de Olivares como valido de Felipe IV.

En el año 1622, según Ramírez y las Casas-Deza, Felipe IV creó el condado de Morente en favor de don Diego López de Haro, V marqués de El Carpio, que se casó con Francisca Guzmán, hermana del conde-duque de Olivares.

El 19 de febrero de 1624 el rey Felipe IV llega de visita a El Carpio. La magnificencia con que el marqués de El Carpio, Diego López de Haro, acogió al rey y a su séquito es reflejada por el capellán del rey, Juan Páez de Valenzuela . El marqués ordena a Jerónimo de Frías, Corregidor de su Estado, y a Diego Sanz de Angulo, alcaide de la fortaleza que hagan los preparativos para alojar a su majestad y séquito. La llegada del rey a El Carpio estaba prevista para el viernes 16 (ya período de cuaresma:

“Para ese dia del plaço Viernes se previnieron viandas y mantenimientos en mucha cantidad de sabalos, albures, barbos, tencas, anguillas, y otras muchas diferencias de pescados frescales de quantos se pudieron hallar en las costas de Andaluzia; y de escabeches, y adobos, lenguados, acedias, besugos, bonitos, ostiones, y otros quera tan abundantes, que podian sobrar mucho, aunque comieran dos dias tres mil hombres (…) quedose todo (sino perdido) mal logrado”

El rey, debido a las torrenciales lluvias, no llegó El Carpio hasta el lunes día 19:

“ (…) se habían prevenido las diferentes carnes que cría esta tierra, muchas terneras, carneros muertos y a la mano vivos, capones cebados, gallinas de leche de Granada, cabritos, perdices, conejos, palominos, lenguas, jamones, tocinos, jabalíes en adobos y en empanadas aderezados, ubas moradas, mollares de Loxa, melones de pinos, peros de Miguel de Granada, vino trasaniejo, nieve en abundancia, naranjas, limas, passas, almendras, arroz, todo genero de especeria,mantecas de vaca fresca, y blanca excelente en pellas de Granada, quesos conservados, belas de cera y sebo, y hachas hechas en mucho numero (…) En materia de dulces fue cosa grandiosa la diversidad y abundancia, infinitas cajas cubiertas de conservas diferentes, mucha confitura de Granada(…) limones, batatas, orejones, ciruelas escorsonera, pechigos, calabazate… pilotillos, vidrios de diferentes almibares regalados( Página 82)

El Marqués convido a cenar a su quarto al Almirante de Castilla Duque de Rioseco al Marqués de Castel Rodrigo al Conde de Portalegre al Conde de Santisteban a don Luis Méndez de Haro y a don Baltasar Méndez de Haro a quienes obsequió regaladamente con treinta y seis platos de carne, capones cebados, gallinas de leche, perdices, gazapos, empanadas cabezas de jabalíes, infinitas frutas y dulces de principio y postre”. (Página 84)

“(…) el deseo de conocer a su Magestad traia de muchas leguas en contorno tanto numero de gente, que se despoblaban los lugares de la comarca, y cubrian los caminos en tanto grado, que sin poder llegar muchos al Carpio se alojavan en los lugares del Estado, y otros fuera del. Y avia el Marques mandado pregonar, que forasteros, y naturales todos vendiesen libres de derechos aquellos dias”.

“(…) aviendo el Marqués dado licencia franca, para que todos los vasallos del estado cortasen leña de sus encinares, bosques, sotos y montes, para que tuviesen prevenidas las casas; que esta materia en tiempo de tanto frio, niebe, y yelo, como avia, no fuese menos necesario que gustosa”(Página 83)

“(…) entró el Duque del Infantado de su quarto a ver a su majestad y dixolo: Señor gran casa es la del Carpio (repitiendolo dos veces) y los criados de ella muy para envidiar” (Página 84).

Los criados y guardias también recibieron un espléndido tratamiento:

“Y fue tanta la abundancia de aves, y de numerosos jamones, que no habia quien quisiese ternera, ni carnero; (…) muchos llevavan dos y tres veces la ración doblada: y tal sucedió que aviendolo advertido el mayordomo, y hallado a los delincuentes con el hurto en las manos, que le dexo llevar con mucho gusto” (Página 85).

El martes al mediodía se celebra en la plaza unas deslumbrantes fiestas de toros (se lidiaron once toros) y cañas. Y, terminados los festejos, el rey se fue a pasar la noche a Adamuz donde, al día siguiente, participaría en una cacería antes de dirigirse a Córdoba capital.

Las buenas relaciones que mantienen los López de Haro con Felipe IV se traducen en la concesión de más títulos y prebendas. Tras la visita a El Carpio el rey le otorga a Diego López de Haro la alcaldía de los Alcázares de Córdoba y la torre de la Calahorra. Y ya cuando Luis Méndez de Haro ejercía como valido de Felipe IV, este le vende en 1652 la villa de La Rambla, en 1658 la de Montoro y en 1660 le autoriza a que compre a Gutiérrez de los Ríos las siete villas de los Pedroches que volverán a la Corona en 1747 como pago por la deuda de cuatro millones y medio de reales de la Casa de Alba. En 1659 se firma el tratado de los Pirineos que pone fin a la guerra con Francia y Luis Méndez de Haro recibe en recompensa el título de duque de Montoro con Grandeza de España en 1660.

La Casa de El Carpio llega a su máximo apogeo cuando en 1668 se une a la Casa de Alba mediante el matrimonio de Catalina de Haro y Guzmán, VIII marquesa de El Carpio, con Francisco Álvarez de Toledo y Silva, X duque de Alba. Se produce así la unión de tres linajes: los Sotomayor, los López de Haro y los Álvarez de Toledo. De esta manera todas las posesiones de la Casa de El Carpio pasan a la Casa de Alba que detentará un gran dominio territorial en la provincia de Córdoba

EL CASTILLO

Del famoso castillo que nos habla la referencia ya mencionada del siglo XVII hoy solo persiste la Torre del Homenaje, más conocida como la Torre de Garci-Méndez. En la zona más elevada de la colina en la que se asienta la población de El Carpio, entre los 182-183 metros de altitud, está emplazada la Torre del Homenaje, más conocida como Torre de Garci-Méndez de Sotomayor.

La Torre, de planta rectangular de 16,60 metros por 11,25 y con una altura de 24,75 metros, se asienta sobre unos cimientos de pequeños sillares, con muros de 2,60 metros de grosor construidos con sólida argamasa -tapial- y con ladrillos perfectamente unidos en las esquinas Los arcos y dinteles de puertas y ventanas son de piedra molinaza rosada. Es una construcción mudéjar del siglo XIV como reza en la lápida de alabastro que su fundador mandó colocar en la Torre: “EN EL NOMBRE DE DIOS. AMEN. ESTA OBRA MANDO FAZER GARCI MENDEZ DE SOTOMAYOR, SEÑOR DE XODAR. E FIZOLA MAESTRE MOHAMAD E FUE OBRERO RUY GIL. E FIZOSE EN ERA DE MCCCLXIII. XPS VINCIT. XPS REGNAT. XPS IMPERAT”. Esta lápida la mandó trasladar en el 1916 al Palacio de las Dueñas don Jacobo Stuart y Falcó, 17º duque de Alba, 15º marqués del Carpio, colocándose una copia encima de la entrada de la Torre.

La Torre quedará como “Torre del Homenaje” del castillo que se construiría años más tarde. Muñoz Vázquez en su Historia de El Carpio, basándose en la descripción del castillo que hace Juan Páez de Valenzuela cuando acompaña en 1624 a Felipe IV en su visita a El Carpio, traza una visión de lo que sería el castillo: “(…) que su planta era rectangular y la Torre del Homenaje, antes Torre de Garci Méndez, ocupaba la parte central de este rectángulo. Lo envolvía una gran muralla almenada con cubos en las esquinas (…) tenía una muralla aproximadamente de 8 metros de altura. El Castillo y la muralla estaban circundados por un foso (…) y para salvarlo tenía un puente elevadizo con puerta de hierro en la muralla. Arquitectónicamente esta serie de recintos que se describen y los vestigios que quedan de algunos de ellos, entre estos los sótanos, nos muestra que esta obra del castillo ya fue de estilo renacentista (…) a finales del siglo XV”.

Lo mismo que otras fortaleza, el castillo de El Carpio se ve perjudicado por las circunstancias que imponen los nuevos tiempos: disminución o desaparición de las necesidades defensivas tras la toma de Granada; la tendencia impuesta por el Renacimiento a la construcción de palacios urbanos mucho más cómodos para la nobleza; la inclinación de la nobleza a residir cerca del monarca y , tal y como sucede con los marqueses de El Carpio, el dejar deshabitada la “Torre” durante años por residir en la corte al servicio de Felipe IV. Razones que influyen en el deterioro del castillo de El Carpio de manera que, en 1645, Luis Méndez de Haro se ve en la necesidad de realizar en él obras de reconstrucción: se derriban las murallas, se rellena el foso, se transforman dependencias en graneros. En resumen, la Torre de Garci Méndez vuelve a ser una torre aislada como en su origen. Mientras el marqués Luis Méndez de Haro, buscando mayor comodidad, inicia, en el último tercio del siglo XVII, la construcción en la plaza la villa, hoy de la Constitución, del palacio señorial.

DESCRIPCIÓN DE LA TORRE

Dos cuerpos adosados en altura constituyen la composición interior de la Torre. Uno destinado al propio acceso y subida, a través de una escalera que se desarrolla en cómoda rampa apeldañada, al estilo de la Giralda sevillana, que sube hasta la terraza; el otro dividido en tres amplias cámaras o salones coronados por bóvedas de arista, siendo la estancia más elevada, de cúpula semiesférica. Se construye con un destino preferentemente señorial residencial más que defensivo, aunque configurada como refugio para afrontar un imprevisto bélico de retaguardia, sin perjuicio de que la posterior construcción del cercano Palacio de los Haro y Sotomayor modificase la finalidad primitiva de su construcción. La amplitud y riqueza arquitectónica de sus tres estancias superpuestas demuestran con nitidez su originaria finalidad señorial.

Destaca ya, en el primer salón de planta cuadrada, la hermosa bóveda de arista que arranca de ménsulas intermedias góticas, con nervaduras pintadas con apariencia de terceletes. Tanto la bóveda como los revestimientos de los muros y pechinas son de ladrillo, aunque en otras épocas han estado recubiertos de estuco. Esta primera dependencia iluminada por una enrejada ventana, sirvió en sus comienzos como habitación principal del alcaide de la fortaleza. Después cuando la torre pasó a formar parte del más amplio recinto fortificado –finalmente derruido-, los aposentos de alcaide pasaron a la contigua construcción, que quedaba unida a este salón mediante una puerta, de la que hoy queda el vano macizado. Los restos de pintura y elementos de las paredes ofrecen testimonio del rango de este uso habitual, a pesar del deterioro sufrido a lo largo de los siglos, en que, o bien ha carecido de uso, o ha sido utilizado como palomar y hasta como calabozo. Durante la visita de Felipe IV, en 1624, la utilizó como aposento el Conde de Portoalegre, que formaba parte de la comitiva real.

Esta sala ha venido también denominándose más recientemente como “Sala de los Mosaicos”, por los restos de varios mosaicos romanos que, traídos por Santiago María Stuart y Falcó, duque de Brewick y de Alba, tras su descubrimiento (1914) en su Cortijo de Carrasquilla, fueron colocados sobre el pavimento.

No se ponen de acuerdo los historiadores en cuanto a la permanente ocupación de esta dependencia por el alcaide, designándosele también la de aposento del Señor de la Villa en algunas etapas, aunque nos parece más acertada la tesis de su utilización como estancia del alcaide.

La cámara intermedia, que se alza sobre la anterior descrita, ocupa una superficie de 5,80 metros de lado, y el arquitecto Félix Hernández la describe de la siguiente forma: “Cúbrela una bóveda esquifada de ocho paños sobre imposta de listel y nacela; en sus encuentros hay otros tanto finos nervios de sección rectangular que arrancan, también con perfil de nacela, sobre la imposta para reunirse en la clave. El paso de planta cuadrada a la circular de la bóveda se realiza mediante trompas en los ángulos, formadas por semibóvedas de arista tras arcos lobulados”.

Esta bóveda estuvo cubierta de estuco, y otorga a la estancia gran esbeltez, con sus 6,80 metros de altura, destacando sobre todo los mencionados arcos de herradura lobulados, con 17 lóbulos cada uno; y los tres huecos existentes en sus muros abiertos con posterioridad al exterior, que dan luz a la sala, especialmente dos de ellos que presentan grandes ventanales.

A esta estancia cuadrangular se la denomina “Sala de los Lobos”. Señala Muñoz Vázquez que es posible que se debiese a los “lobos” del escudo de armas de los Haro. De ser así, hubo de adoptarse esta denominación tras el matrimonio de Beatriz Méndez de Sotomayor con Diego López de Haro. Durante la visita de Felipe IV, en 1624, fue destinada a aposento del Marqués de Castell Rodrigo, miembro de la comitiva real.

Nos inclinamos a pensar que sin duda hubo de ser utilizada en una primera etapa como alojamiento de invitados e ilustres visitantes. Esta sala, debido a las largas ausencias de los Haro y Sotomayor y a la construcción en 1671 del palacio de los marqueses de El Carpio, sufrió el abandono y un progresivo deterioro al utilizarse el palacio como residencia señorial. La sala quedó como lugar para almacenar alimentos, piensos, etc.

La última estancia, situada en el tercer nivel, de planta cuadrada, con 6 metros de lado, cubierta con cúpula semiesférica sobre cuatro trompas de ángulos, superficies cilíndricas triangulares a las que frentean arcos de herradora que arrancan de ménsulas de piedra, es la más hermosa y mejor resuelta de las tres que componen este cuerpo de la torre.

El muro frontero a la puerta de entrada, desde la escalera, tiene tres huecos con arcos de herradura con alfiz, prologándose el central con un voladizo, sobre ménsulas de piedra, formando una garita con función de matacán, de elegantes proporciones.

El único hueco que se abre en el centro de los muros laterales está formado por dos arquillos gemelos de herradura sobre una columna central, con capiteles corintios, semejantes a otros del siglo IX, del reinado de Abd Al-Rahman II, con decoración de “nido de avispa”. Tienen grandes cimacios, de curvas de nacela y fustes con galbo, probablemente romanos. Estos materiales es probable que fueran traídos de la antigua fortaleza de Alcocer. Muñoz Vázquez afirma que los fustes de origen romano proceden al parecer de “Onuba” y los capiteles de la destruida alcazaba árabe de Alcocer.

La magnífica estructura de esta sala y la riqueza decorativa sugiere su uso como aposento primitivo del Señor de El Carpio. Se la denomina como “Sala Áulica” al constituir la parte más noble de la torre. Durante la estancia ya mencionada de Felipe IV, fue ocupada por el rey. Es muy posible que en la misma se celebrasen los esponsales del Gran Capitán con su primera esposa y así mismo fue acondicionada para el alojamiento de Enrique III, cuando estuvo en la Torre, con motivo de su visita al reino de Córdoba, para apaciguar los ánimos tras las revueltas nobiliarias y antijudías de 1395, siendo el primer monarca que estuvo aposentado en ella.

La Torre, durante muchos años cerrada, llega a la segunda mitad del siglo XX bastante deteriorada, pero afortunadamente no derruida. En 1983 es declarada monumento histórico-artístico y en 1995 es cedida por la duquesa de Alba al Ayuntamiento de El Carpio por un período de 30 años. Hoy, abierta al público tras las restauraciones efectuadas, no es solo el símbolo de la villa, es también un edificio que permite al visitante disfrutar de la contemplación de una pieza fundamental de la arquitectura militar mudéjar de Andalucía y, desde su terraza, gozar de una espléndida panorámica de la zona.

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