LA MURALLA  ALMOHADE Y CASTILLO DE PALMA DEL RÍO

Palma del Río es una localidad que dispone de un gran patrimonio histórico-artístico del que, sin ánimo de ser exhaustivo, se  puede mencionar el Palacio de los Portocarrero, el claustro mudéjar del convento de santa Clara, la iglesia del Hospital de San Sebastián… y, por supuesto, la muralla almohade de finales del siglo XII y el castillo. Por razones obvias, aquí solo trataremos del recinto amurallado y del castillo.
En la Plaza de Andalucía hay un panel explicativo que dice: “El recinto amurallado, de época almohade, es uno de los más completos que se conservan en Andalucía y está declarado de interés cultural. La planta del recinto es elipsoidal”. Tal vez sea más adecuado decir que “tiene forma de abanico, condicionada por la cercanía del río Genil” como señala Pabón- Fernández. (Anahgramas, 2016).
La muralla, con una altura de seis a ocho metros, una anchura de dos y dotada de  almenas rectangulares hoy casi  desaparecidas, llega al siglo XX  muy deteriorada, con algunos tramos derruidos y otros fagocitados por las construcciones particulares que se han ido adosando a la misma. El peor estado de la muralla, según el “Plan Especial  del Conjunto Histórico de Palma del Río”, se encuentra en el lado Oeste que da el río Genil  y en la zona Sur del recinto donde se localiza el Colegio de la Inmaculada y la calle Presbítero José Rodríguez.
Las restauraciones efectuadas eliminaron las edificaciones adosadas aunque en algunos lienzos aún pueden apreciarse las huellas de su antigua existencia. 
Desde la Plaza de Andalucía el contorno del recinto se puede recorre por la calles Muralla, Rosales, Rioseco desde donde gira hacia el este por la calle Fuentecilla de los Frailes. Al final de esta calle  se llega a una de las torres desde donde, oculta por las edificaciones adosadas, la muralla se dirige hacia la Plaza de Andalucía cerrando así el recinto (El proyecto de rehabilitación incluye dejar libre toda la muralla del recinto para que pueda ser visitada).
Ramírez y las Casas-Deza, refiriéndose a Palma del Río en su Corografía, dice: “De la villa antigua contenida intramuros se conservan dos puertas una a oriente y otra al norte y si acaso tuvo otra u otras no ha quedado memoria ni vestigio de ellas. La muralla que la rodeaba está por muchas partes del todo arruinada, por otras se conservan sus cimientos, y por algunas conserva todavía con toda su elevación, como también doce torres  de las que ocho están mejor conservadas”. En realidad las torres son once.
El recinto amurallado en su origen tenía, pues, dos puertas de entrada (una tercera se abrió en el siglo XVI al pie de la torre de la calle Santa Clara). Una al Este que, situada en la cara oeste de la torre de planta rectangular que da a la Plaza de Andalucía, era la primitiva entrada almohade, con recodo y defendida por un matacán cuyo resto puede observarse en la parte alta de la torre. En el siglo XVI fue sustituida por una puerta de acceso directo en el frontal de la torre, al tiempo que la parte superior de la misma se convirtió en una dependencia del palacio de los Portocarrero que se asoma al a plaza a través de un magnífico balcón plateresco. A principios del siglo XXI se retiraron las edificaciones que ocultaba la puerta primitiva y se recuperó la puerta original que, actualmente, presenta dos arcos de ladrillo de tipo califal, con sillares en las jambas y enmarcados por un alfiz tangente al trasdós del arco. Hoy esta entrada se conoce como “Puerta del Sol”.
De la Plaza de Andalucía arranca la   calle Muralla desde donde  se puede ir observando un sector de la muralla que, fortificado por cuatro torres, nos conduce a la zona Norte donde se encuentra la única puerta poligonal. La muralla continúa por la calle Rosales y la calle Río Seco donde,  casi desaparecida tal vez por las riadas del río Genil, perviven algunos restos.
La muralla almohade presenta unos lienzos de tapial, algunos reforzados con hiladas de ladrillo, con una altura que oscila desde los tres-cuatro  metros y los siete-ocho dependiendo de su estado de conservación. Está defendida por once torres. “Nueve son salientes, de planta rectangular, con medidas muy próximas al cuadrado. Superando los 5 metros de anchura y los 4 de grosor. Su altura oscila entre los 3 metros de la peor conservada (…) y los 12 de la mejor conservada.
“Realizadas en fábrica de tapial mixto verdugado con material laterítico de ladrillo (…). Son macizas hasta el nivel del adarve, excepto las que alojan las puertas (…) Desde este se accede a una cámara cubierta con bóveda vaída por una vano bajo bóveda de cañón situado en al lado que se adosa a la muralla (…) Desde la cámara se accede  a la azotea por escaleras adosadas a la pared. Todas debieron tener aspilleras en los tres lados” (Pabón Fernández).

En la zona Norte (final de la calle Muralla) se encuentra la torre poligonal que, construida con tapias mixto reforzado con ladrillo, alberga la otra puerta almohade  con recodo de entrada al recinto. Es la “Puerta Norte”. Esta fue incendiada cuando en 1483 los musulmanes pretendieron conquistar Palma del Río. Los defensores, guiados por Luis Fernández Portocarrero, los derrotaron. Desde entonces esta puerta se conoce como del “Arquito Quemado” (Ambrosio de Torres relata en su Palma Ilustrada como el caudillo musulmán, deseoso de venganza  por la derrota que le había infringido Luis Portocarrero en Utrera, “alistó muchos guerreros, juntó mayores fuerzas, y fiado de la multitud, pasó aponer sitio a Palma (…) sitiada Palma de los moros en número mucho más crecido, que el de los Soldados, que este Castillo guerrero tenía dentro de su pueblo (…) furiosos los moros (…) pegaron fuego a la referida puerta, para que con sus llamas se venciese su dura fortaleza (…) cuyos incendios más sirvieron para encender, y alentar el valor de los Sitiados (…) por orden del Señor Don Luis Portocarrero, salieron sus soldados y dieron contra los moros con tan valeroso ímpetu (…), los derrotaron de tal modo, que los mas quedaron muertos, y los otros esclavos prisioneros”).
En agradecimiento por la victoria cristiana Francisca Manríquez, esposa de Luis Fernández Portocarrero, mandó colocar dentro de la torre una imagen de la Virgen de las Angustias. Y en 1770 la cámara de la torre se convirtió en la capilla que hoy se conoce como “Capilla de las Angustias”, nombre que también se aplica a la torre. Esta, tanto interior como exteriormente, llegó al siglo XX en un lamentable estado de abandono, hecho que hacía imprescindible su restauración que se terminó en el 2015, año en el que se abrió a los visitantes. Hoy puede apreciarse la restaurada puerta de entrada con arco y alfiz; en la parte superior de la torre, a nivel del adarve, junto a la esquina que forma la torre con el lienzo de la muralla, se aprecia la existencia de un matacán y coronando la torre unas almenas. La torre tiene una escalera por la que se sube a la azotea desde donde se aprecia una panorámica de los restos de la alcazaba y la zona de acceso al patio de ronda de la muralla.

 

EL CASTILLO.
La primera noticia que tenemos sobre el castillo es de finales del  siglo XII y se debe a Ibn Sahib Al-Salat quien lo menciona como Balma. El castillo es una obra de finales del siglo XI o de los primeros años del siglo XII, posiblemente levantado bajo el mandato del emir almorávide ibn Yusuf.
El castillo se abandonó en el siglo XVI por diferentes motivos: la toma de Granada representó para los cristianos una menor necesidad defensiva;  no ofrecía comodidades como lugar de residencia de la nobleza y, en tercer lugar, se estaba imponiendo entre la nobleza  la moda renacentista de construir palacios con más comodidades para residir en ellos. Hoy se encuentra totalmente desaparecido, queda la memoria de su existencia y la referencia que de él nos dejan algunas fuentes que, para mayor  desgracia,  sirven muy poco  para su conocimiento.
Fray Ambrosio de Torres y Orden en su “Palma Ilustrada (1774) escribe: “A lo último del lugar por la parte que mira azia el Guadalquivir, hay una alta torre, ó fuerte Valuarte de la Fortaleza, que llaman el Castillo, que en lo antiguo era donde Palma tenía su mayor defensa. Debaxo de esta torre hay una Puerta, que cuando estaba el Pueblo reducido al solo recinto de sus muros, era la más fuerte y principal defensa. Hace en su entrada un corto recodo por el lado de la sinistra mano, para buscar en otra puerta la salida: ardid, que inventó el Arte Militar, para que, si acaso se apoderase el Sitiador de una puerta no perdieran los sitiados la esperanza quedando otra puerta para su defensa”. Como se puede apreciar muy poco añade para el conocimiento de la fortaleza. Otras referencias de los siglos XIX y XX tampoco aportan datos significativos sobre el castillo. El mayor conocimiento que tenemos en la actualidad proviene de los trabajos arqueológicos.
Actualmente el castillo está desaparecido en su totalidad  y sus escasas  ruinas se localizan en el ángulo noroeste del recinto amurallado, lindante con las calles Rosales y Rioseco.  Era de planta irregular de tipo pentagonal. Estaba construido con tapial reforzado con sillares en las esquinas. “Se componía este bastión de un muro orientado a Norte con dos torres y otro al Este  defendido por tres torres. Los flancos Sur y Oeste, visiblemente menos fortificados, quedaban protegidos por el río Genil”. ((Memoria Plan Especial, 2000). De las torres, de planta cuadrangular, solo quedan restos. El torreón de mayor relevancia, cuyo resto se conoce como “Mesa de San Pedro”, se considera como la Torre del Homenaje.
Las ruinas del castillo, según la Memoria citada, sufrieron agresiones en el siglo XX, al usar la zona como gravera lo que supuso la desaparición de los restos arqueológicos. La zona se rellenó con escombros, así la plataforma actual del recinto de la alcazaba se encuentra elevada tres metros del nivel de la calle Rioseco. La restauración de la alcazaba, según la “Memoria” de referencia, persigue dotar de “mayor legibilidad a las ruinas de la primitiva alcazaba de modo que puedan reconocerse los principales elementos de su estructura: torres, puertas y líneas del muro.
En una placa. colocada en el castillo el 8 de marzo de 2013 en recuerdo de los 700 años de La Hermandad General de Andalucía, se puede leer: “En la alcazaba de la villa de Palma se reunió el 8 de marzo de 1313 La Hermandad General de Andalucía formada por los concejos de Alto y Bajo Guadalquivir, Sevilla, Córdoba, Jaén, Úbeda, Baeza, Carmona, Écija, Arjona y Santisteban del Puerto, acordaron la guarda del mar y la defensa de las tierras de Andalucía y que en todo sea guardado el ordenamiento que en Palma fezimos”.

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