CASTILLO DE BELMEZ

Saliendo de Córdoba por la nacional 432 en dirección a Badajoz se llega al valle del Guadiato donde, a 70 kilómetros de Córdoba capital, se localiza Belmez que goza del título de “Muy Leal”, concedido por Alfonso XI en 1315 por su apoyo durante las luchas por la regencia, y del de “Muy Noble Villa”, concedido por Felipe II en 1597, quedando finalmente titulada como “Muy Noble y Muy Leal”. La localidad, que en la actualidad cuenta con unos 3.120 habitantes, es anunciada desde la lejanía por la silueta del castillo que se recorta en el horizonte.

El CASTILLO

Desde el inicio de la calle Castillo (donde se puede aparcar en una explanada) arranca el llamado “Paseo Mirador del Castillo” que, recorrido en paseo placentero, permite contemplar parte del cerro en el que se asienta el castillo que se divisa en la cima. El “Paseo” desemboca en la calle Santa María desde donde, dirigiéndose a la izquierda de la misma, se llega a una escalinata que, conocida como “Acceso Rafael Canalejo Cantero”, en recuerdo del alcalde que la hizo posible, conduce a la rampa escalonada y zigzagueante que, constituida por cuatro tramos, permite salvar la pendiente de la ladera con cierta comodidad y llegar hasta la fortaleza que “estaba en comunicación con el castillo de Fuente-abejuna, con el de Espiel, y por medio de el de Névalo situado en término de Villaviciosa con el de Almodóvar del Rio” (Ramírez y las Casas-Deza).

El Castillo está emplazado sobre un cerro calizo de superficie irregular y a una altitud que oscila entre los 564 metros en el punto más bajo (al Este, en la 3ª torre del plano) y los 570 metros sobre el nivel del mar en la zona más elevada que se localiza en la llamada en el plano “torre posterior”, situada en la esquina de la Torre del Homenaje. Presenta una planta, casi rectangular, alargada de Este a Oeste, para adaptarse al terreno.

Del castillo hay una descripción realizada en 1590 como resultado de la visita de una comisión que llegó hasta allí para ver el estado en que se encontraba. Basándose en esa descripción hay un plano del castillo, realizado por Vicente Antonio Cano Gómez, colocado en un panel antes de la entrada, donde figuran la planta y los elementos integrantes de la fortaleza.

A la fortaleza se accede por dos puertas consecutivas que están situadas en el último tramo de la rampa de subida. En la descripción de 1590 se dice: “Siguiendo desde la tercera vuelta se llega a una primera puerta de entrada al castillo (…). Esta puerta era de dos hojas, de madera de encina (…). Tiene una cubierta de arco de ladrillo y cañón; y encima una placetilla ya antepecho (…) con seis almenas de ladrillo. A la parte de dentro de la puerta hay una escalera con 10 escalones para subir a la placetilla y antepecho.

Desde la primera puerta se llega a la segunda puerta de entrada al castillo (35 varas de camino). En esta distancia hay una muralla con almenas de mampostería de piedra. Y encima de esta puerta, también de dos hojas de encina (…) hay un cañón de ladrillo y mampostería con su anden y muralla” (Rodríguez Moyano, 2006). Esta entrada es en recodo y estaba protegida por una torre albarrana.

El recinto estaba protegido por una muralla de mampostería que en su parte Norte fue parcialmente destruida por la explotación de la cantera. Hoy la muralla se conserva parcialmente gracias a la restauración efectuada, pero en su trazado original estaba dotada de adarve, almenas y jalonada por cinco torres (más la Torre del Homenaje) semicilíndricas, todas cubiertas con bóveda de ladrillo y almenadas. La descripción original de las torres viene recogida por Rodríguez Moyano y de entre ellas, a modo de ejemplo, recogemos la de la primera torre, situada a la derecha de la puerta de acceso al recinto: “(…) hay una torre redonda en la muralla, de 4 varas de grueso y ocho de alto. Habría de solarse por arriba y sobre este solado hay un antepecho con sus almenas labradas sobre este. La torre tiene su puerta y gradas para subir a ella”. Hoy de las torres sólo quedan sus muros, con la excepción de la señalada en el plano como 3ª puerta, que está cubierta pero sin almenas.

En la Plaza de Armas se encuentra, a ras del suelo, un pequeño aljibe conocido como “pisada de caballo”. En el norte de la misma plaza se localiza la Torre del Homenaje. Esta, construida en el siglo XV, tiene planta de pentágono irregular y once metros de altura, construida con mampostería reforzada en sus esquinas por sillares irregulares y dotada, en su origen, de cuatro matacanes y almenas. La muralla de su lado Norte quedo destruida por la explotación de la cantera. Los otros lados estaban protegidos por una muralla propia, reforzada con dos torres circulares cuyos restos pueden observarse en la actualidad.

En la cara Sur de la torre se encuentran nueve escalones que conducen a la puerta de entrada. La torre tiene tres plantas. La primera cuenta con tres dependencias: una sala grande y abovedada que comunica con otra más pequeña (sala de armas) también abovedada desde la que se accede a otra que es la mazmorra. Una estrecha escalera conduce a la segunda planta que esta compuesta por un aposento grande, la cocina con chimenea y un agujero que comunicaba con la parte superior de la mazmorra. El piso entre la segunda y la tercera planta está perdido. La tercera planta tiene tres naves abiertas, un horno para el pan, las letrinas y se encuentra cubierta con ladrillo, obra de la restauración. Desde la terraza de la Torre del Homenaje se goza de una vista panorámica que incluye: Sierra Palacios, Sierra Boyera, el lago de una explotación minera y las poblaciones de Fuente Obejuna, Peñarroya y Espiel.

En la zona noroeste se encuentran los restos de las dependencias, construidas con tapial y ladrillo, destinadas a satisfacer las necesidades de la fortaleza: cuatro aposentos, dos bodegas, aljibe, atahona, horno y cocina con chimenea. El aljibe, de unas 40.000 arrobas de agua, es de planta rectangular, construido con mampostería, ladrillo y cubierto con bóveda también de ladrillo. Durante la Guerra de la Independencia los franceses ocuparon el castillo en 1810 y realizaron en él obras de rehabilitación: recrecen los muros y los dotan de arpilleras para las armas de fuego, acondicionan las dependencias para su uso, reparan el aljibe y mejoran el camino de acceso para facilitar la subida de los soldados, de la caballería, las piezas de artillería y los pertrechos. El castillo queda convertido en una auténtica fortaleza militar: “(…) solo en Belalcázar hay almacenadas más de 7000 fanegas de grano, de donde actualmente trasladan grandes cantidades al castillo de Belmez que está fortificado. La causa de esta traslación ha sido que según las pruebas mandadas hacer por el general Drouet, los muros del castillo de Benalcázar no pueden resistir el fuego de la artillería” (“Gaceta de la Regencia de las Españas”, 16 de junio de 1812) Los franceses desalojan el castillo en 1812 no sin antes destruir sus fortificaciones. La destrucción fue continuada por los propios vecinos de la villa: “se les antojó a los vecinos destrozar el castillo (…) con el desacordado objeto de inutilizar estos baluartes que (…) podían aprovechar a otros enemigos”. (Rodríguez Moyano, 2006) . La integridad del castillo también se vio afectada por la explotación de la piedra caliza, tanto en la cima como en la ladera del cerro, para su utilización con fines industriales. En el 1884 se abandona la extracción de roca en la parte superior pero continúa en la base del cerro hasta finales de 1962. En la segunda mitad del silo XX se inicia la restauración del castillo. El primer paso se da en 1954 en que, dirigido por el arquitecto Félix Hernández, se desescombra la torre del Homenaje y se reparan sus muros y bóvedas. En 1961 se mejora el camino de subida al castillo. En el año 2000 se consolida la Torre y se procede a su cerramiento. Y ya en el 2013 se mejora la iluminación nocturna, se instala una puerta al final de la escalinata que conduce al camino de subida, se eliminan los grafittis y se colocan los paneles explicativos. No quiero finalizar sin alabar la idea de mantener abierto el acceso al castillo durante todo el día, hecho que facilita en gran medida la visita y que debería ser copiado por otras localidades dotadas de castillo.
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