LUQUE

Desde Córdoba en dirección a Granada por la nacional 432, después de pasar Baena se toma la comarcal que conduce a Luque. La villa, a unos 74 kilómetros de Córdoba, está situada a una altitud de 664 metros en la ladera este de las Subbéticas desde donde se asoma a la periferia de la campiña de Baena.

Del asentamiento en época romana hay más sombras que luces. Ramírez de las Casas-Deza sobre la presencia romana dice: “El Doctor Feria fue de dictamen que en esta región de la provincia estuvieron situadas las poblaciones de Arialduno, Aglaminor, Sucubu y Nuditanum que menciona Plinio; pero no se atrevió a determinar la topografía de cada una de ellas; aunque dice que Luque, Zuheros, Doña Mencía y Lucena tienen muy probables razones para que en ellas o en sus términos se coloquen estos pueblos. Agustín Ceán Bermúdez (…) dice que Luque conserva vestigios que pueden indicar haber estado allí la antigua Agla minor de los túrdulos que refiere Plinio, pero ni en el recinto de la villa ni en sus contornos tenemos noticia que haya habido (…) vestigios de población romana”.

La decadencia de Roma también trajo consigo la desaparición de los núcleos ibero-romanos. Los geógrafos árabes no aportan noticia alguna de Luque bajo el dominio visigodo. Así solo se puede establecer la posibilidad, asumida en el siglo XIX por Aureliano Fernández Guerra, de que allí estuvo el vico de Lucus, teoría que es recogida posteriormente: “Hipotéticamente podemos suponer que en el emplazamiento actual de la villa de Luque perviviría en época visigoda y musulmana un pequeño vico (Lucus) formado siglos atrás a la protección de una fortificación ibérica. (Arjona Castro/Estrada Carrillo:”Historia de la villa de Luque”,1977)

Con la dominación musulmana, Luque va saliendo de las sombras en que parecía estar sumida y va adquiriendo cierto relieve. En el año 883 se produce la revuelta del muladí Omar ben Hafsun contra Abd Allah, emir de Córdoba. En plena sublevación, el cronista hispanoárabe Ibn Hayyan nombra por primera vez a Luque cuando Said ben Mastana, aliado de Hafsun que llegó a titularse “Señor de Priego y Luque”, conquista su castillo en el año 909. Las tropas del emir lo reconquistaron tras un asedio de varios meses y procedieron a destruir sus defensas aunque, como señala el arqueólogo Ángel Rodríguez Aguilera, al emir Abd Allah le debemos algunas de las construcciones islámicas que aún se conservan.

En el año 1126 la crónica anónima AL-HULAL AL MAWSIYYA, haciendo referencia a la expedición por Andalucía de Alfonso I el Batallador (nombrado en la crónica como “el tirano Ibn Radmir”), dice: “(…) donde entró en la región de Alcalá la Real, hasta Luk, Baena y Ecija (…)”. Lógicamente Luk es Luque. Nuevamente vuelve a mencionarse a Luque en 1165 cuando Ibn Mardanish (“El Rey Lobo”), sublevado contra los almohades, es derrotado y el castillo de Luque, entre otros, es arruinado.

Fernando III, mediante un pacto, entra en posesión de Luque durante la campaña de 1240-1241 sin que pueda determinarse la fecha concreta, aunque es probable que se produjera entre enero y febrero de 1241. Posteriormente, tal vez en 1245, Fernando III la dona en señorío a su esposa Juana de Ponthieu que la mantendrá en su poder hasta 1279 en que muere. Luque será luego donada por Alfonso X en 1285 a su hijo, el infante Don Juan, que la mantiene en su poder hasta el 1293 en que, enfrentado a su hermano el rey Sancho IV, este se la arrebata y la pone bajo la jurisdicción de la ciudad de Córdoba, bajo cuya jurisdicción estuvo hasta que Enrique II la entregó como señorío a Egas Venegas.

En el 1295 muere Sancho IV y se abre un conflicto por la sucesión que es aprovechado por los sultanes granadinos y sus aliados, los meriníes, para realizar, durante los cuarenta primeros años del siglo XIV, toda una serie de incursiones en territorio cristiano que causan gran inestabilidad fronteriza y la ocupación por los musulmanes de las localidades de Alcaudete, Rute, Martos y Priego. Desde la subida al trono de Muhammad IV de Granada (1325) la frontera con los dominios cristianos está prácticamente deshecha, motivo por el que Alfonso XI en el año 1332 refuerza las villas fronterizas entre las que se encuentra la de Luque.

Durante el enfrentamiento del rey Pedro I y su hermano bastardo, el futuro rey Enrique II, los señores poderosos de Córdoba apoyan la causa de Enrique II quien, en agradecimiento por el apoyo prestado, entrega en señorío la villa y el castillo de Luque a uno de ellos, Egas Venegas en el año1374. Después Felipe IV en el año 1624 creó el Condado de Luque en la persona de Egas Salvador Venegas de Córdoba. Y en el siglo XIX con el liberalismo es cuando, no sin resistencia, fueron desapareciendo los derechos señoriales.

EL CASTILLO.

Sobre un montículo calizo que se asoma a la campiña de Baena está situado el castillo a una altitud de 717 metros sobre el nivel del mar. Su emplazamiento aparece protegido por escabrosas pendientes que lo hacen casi inaccesible salvo por el lado norte, donde la pendiente se suaviza. En el conjunto de la fortificación se pueden diferenciar dos zonas: la explanada y el propio castillo.

La explanada, externa al castillo, estaba protegida por una muralla de 1,50 metros de grosor, hoy casi desaparecida. Este recinto “pudo ser un pequeño rabad, donde los componentes de la guarnición del castillo y familias, realizaban las transacciones comerciales, sirviendo su amurallamiento de barbacana del flanco noroeste del castillo, único sitio por el que podía ser atacado”.(Fernández González: “El castillo de Luque”. BRAC,nº86, 1964).

El castillo propiamente dicho es de planta irregular adaptada a la roca sobre la que se asienta. Su configuración esencial está determinada por el patio de armas y dos torres unidas por lienzos de muralla de entre 0,80 y 1,90 metros de grosor. Una es la Torre del Homenaje situada en el lado norte y otra la torre del sureste que está protegida por el precipicio que forma el Tajo del Algarrobo.

Su fábrica es de mampostería de piedra con mortero de cal y con algunos ladrillos, de época posterior, incrustados en las hiladas como remiendos de mampuestos desprendidos.

El origen del castillo fue una fortificación levantada en la segunda mitad del siglo IX (879) por el emir de Córdoba Muhammad I. La excavación, dirigida en el año 2008 por el arqueólogo Ángel Rodríguez Aguilera, permitió un mayor conocimiento del primer recinto defensivo. El informe de esta excavación establece la planta hipotética de lo que sería un reducido bastión adaptado a la roca, más pequeño que el existente en la actualidad. Tendría una pequeña torre en la esquina sureste de la que parte un lienzo de muralla que, siguiendo la línea del afloramiento rocoso, llegaría hasta englobar el aljibe situado en el norte para luego girar hasta la primera torre cuadrada, donde está la actual Torre del Homenaje. Desde aquí la muralla se dirige hacia la torre sureste para cerrar el recinto. En el siglo X, según el cronista de la villa, Rafael Luque Jiménez, Ibn Mastana reforzó la fortaleza dotándola de una torre redonda para defensa del aljibe que la abastecía de agua.

El castillo sufrió modificaciones que le vinieron impuestas por los acontecimientos históricos de que fue testigo. Padeció devastaciones y reconstrucciones (ya señaladas) y el castillo que hoy pervive es fundamentalmente el resultado de las reformas del siglo XIII y XIV.

Por el lado noroeste que mira a la explanada, el castillo está defendido por la propia Torre del Homenaje y por una triple muralla. El primer lienzo de la triple muralla es el exterior que da a la explanada; el segundo se sitúa entre el primero y el tercero que da al Patio de Armas. La entrada al castillo se realiza por una puerta que, junto a la Torre del homenaje, se abre en el lienzo exterior. La puerta da a una rampa de diez metros de longitud y dos de ancho que queda comprendida entre los dos primeros lienzos. Luego la rampa presenta un recodo y, dejando el segundo muro en medio, discurre paralela a la primera, pero en dirección contraria, hasta llegar a un pequeño recinto de unos dos metros y medio que, según Fernández González, estaría destinado a un reducido cuerpo de guardia. Desde este recinto se pasa al Patio de Armas. Hoy todavía no se conoce, según opinión del arqueólogo Ángel Rodríguez Aguilera, si el acceso en doble codo es una reforma de una primera entrada almohade a la que se añade un nuevo codo, o bien forma parte de la reforma castellana.

En el “Extracto del Informe” de Ángel Rodríguez Aguilera se dice:”En época almohade (…) se produjo la primera ampliación del castillo avanzando la línea Noreste de la muralla, (…), demoliéndose entonces la torre de la esquina y probablemente el lienzo de muralla existente, construyéndose entonces una liza mucho más robusta y una nueva torre en el espolón más saliente –la torre almohade- en mampostería, con sillares de arenisca en las esquinas y con la cámara cubierta con bóveda de cañón, también del mismo material. A esta misma época debió corresponder el afianzamiento de la torre principal que posteriormente quedó dentro de la Torre del Homenaje”. La nueva torre a la que aquí hace referencia es la que está situada al sureste y a la que se accede desde el Patio de Armas. La torre tiene una sola dependencia “con una superficie de 3,60 metros por 2,25 metros, y está cubierta por una bóveda construida con adobes y sustentada por muros de 1,50 metros de espesor. Enfilando al exterior tiene sus correspondientes troneras, estando al Norte completamente destruida (…)” (Fernández González).

Ya en el siglo XIV es cuando, sobre la base de la obra musulmana, se reconstruyen las murallas dotándolas de nuevas almenas y se construye la Torre del Homenaje, situada en el extremo norte. Es la torre más elevada y que Fernández González describe de la siguiente manera: “(…) es el elemento más importante de la defensa del castillo, y que serviría de vivienda al alcaide. Ocupa una superficie de 12 metros por 7 metros, con espesor en los muros exteriores de 1,90 metros, y tiene dos plantas, cada una compartimentada en dos cámaras o habitaciones. A la planta baja se ingresa desde el patio, por un hueco practicado en el muro sureste rematado en su interior por bóveda de ladrillo abocinada, y cuyo desnivel de 1,20 metros se salvaría por rampa o escalera hoy desaparecidas. Salvada esta entrada, aparece una meseta o rellano, del que por un lado arranca la escalera del piso superior (…) de la que se conservan los primeros peldaños, y por el otro lado hay un hueco, de 0,50 metros de ancho abierto en el muro, casi en su totalidad derruido, que servía para apoyo lateral de la escalera y de puerta de ingreso a las habitaciones (A´) y (A”) de la planta baja, las que con superficie idéntica de 3,20 por 3,20 metros, están separadas por un arco toral de medio punto forjado en ladrillo, que servía de sostén intermedio a las desaparecidas bóvedas de ladrillo de su cubierta, que constituían el forjado del piso de la planta superior, esta planta baja tiene en la actualidad una altura desde el piso terrizo a la clave del arco toral de 3,70 metros. En el recinto (A”) y a 1,50 metros de altura existen dos troneras, la Nordeste que domina una extensa superficie del llano y la Suroeste que enfila el segundo pasillo de la triple muralla, en el recinto (A´) la tronera del Nordeste es análoga a la anterior, pero el hueco Suroeste que se eleva sobre el piso solamente 0,40 metros, debió ser un balcón protegido para dominar la entrada del patio, a modo de matacán o con voladizo cadahalso de madera. La planta alta cubierta por sendas bóvedas de ladrillo, tendría una disposición análoga a la baja, pero con nuevos huecos, en el muro Noroeste para batir la explanada y en el muro Nordeste para dar luz y ventilación a la escalera”.

Las obras realizadas en el siglo XIV no fueron las últimas. Todavía en el siglo XVII se realizaron algunos retoques.

El castillo estuvo ocupado por los Venegas hasta el siglo XVIII en que quedó abandonado. Desde este momento el deterioro del castillo se va incrementando hasta llegar al aspecto que presenta en la actualidad.

En 1973 el castillo fue inscrito a nombre del Estado que pretendió venderlo en varias ocasiones mediante subasta sin encontrar comprador. Finalmente, se cedió al Ayuntamiento de Luque en 1997.

El castillo estaba en un estado tan lamentable que se producían peligrosos desprendimientos de materiales. El Ayuntamiento, con ayuda de otros organismos oficiales, emprendió una primera intervención de urgencia para consolidar los muros y las torres. Hoy se pueden apreciar otras obras realizadas, como la construcción de una plaza en la ladera norte que puede servir tanto de aparcamiento a los visitantes como de mirador para contemplar parte de la roca donde se emplaza el castillo, parte de sus murallas y la Torre del Homenaje. Además, se ha facilitado la subida a la fortaleza mediante la construcción de una pista peatonal de cemento que desemboca en la explanada externa donde, sobre los restos de la primitiva muralla que la cerraba, se alza un nuevo un muro almenado y una nueva escalera de piedra protegida por barandillas metálicas que conduce a la nueva puerta, cerrada por una reja, que da acceso al propio castillo.

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