CABRA. Castillo de los Duques de Sessa.

Ramírez y las Casas-Deza describe en su Corografía (T.II, p. 273. 1842) el castillo: “La fortaleza de esta Villa consistía en una elevada y maciza mole, construida en una pequeña colina a la parte occidental de la población, que dejaba en derredor suficiente espacio á la vasta plaza de armas. Ceñianla cubos y torres circulares las más, que la hacían, en especial por el lado del O. S. y N., casi inexpugnable. La plaza de armas tenía varias salidas que eran otras tantas torres cuadradas, en cuyo centro había arcos muy bien defendidos por puertas chapadas de hierro, á que daban los nombres de puerta de Santa Ana, de los cascabeles (…) Además de esta defensa tenía Cabra dos circuitos ó líneas de murallas, construida la una por los romanos, la cual abrazaba lo que hoy se llama villa vieja (…) El otro recinto era más dilatado, y comprendía parte de la población situada al pie de la llanura de la vega y medio día de la misma”. Y termina añadiendo que de ninguno de estos ámbitos quedan restos notables.

Los árabes conquistan Cabra en los primeros años del siglo VIII. Destruyen el antiguo baluarte romano-visigodo pero, dándose cuenta de la posición estratégica de Cabra (controlaba las rutas a Doña Mencía, Baena, Monturque, Aguilar , Priego y Baena) levantan la fortaleza sobre los cimientos de la fortificación romano-visigoda. Esta fortaleza cobra, en primer lugar, importancia en el siglo IX al ser ocupada por Omar ibn Hafsun levantado contra el poder omeya de Córdoba y, posteriormente, al quedar Cabra en una posición fronteriza con el reino de Granada.

El castillo, ocupado por Alfonso VIII durante unos días, fue conquistado en 1240 por Fernando III quien lo dona a Rodrigo Alfonso de León, señor de Castro del Río y de Aliger. En el año 1258 Alfonso X entrega Cabra a la ciudad de Córdoba, aunque Rodrigo Alfonso siguió disfrutando de sus rentas hasta su muerte. Sancho IV no respeta la cesión de Cabra a la ciudad de Córdoba y entrega la villa en 1280 a su hijo Don Pedro. Con el consentimiento de Sancho IV, la viuda de Don Pedro, Margarita de Narbona, entrega en 1295 Cabra a la Orden de Calatrava a cambio de Santa Olalla.

Juan Ponce de Cabrera, estimando que Cabra pertenecía a Córdoba, se la arrebató en 1326 a la Orden de Calatrava y no cumplió el mandato de Alfonso XI que le ordenaba devolverla. Ante tal desobediencia, el rey determinó ejecutarlo en Córdoba junto con otros caballeros.

De nuevo en posesión del maestre de Calatrava, Juan Nuñez de Prado, el castillo fue conquistado en 1331 por el rey de Granada Muhammad IV quien, antes de retirarse, mandó destruir la fortaleza. Recuperada Cabra, la Orden de Calatrava reconstruyó el castillo e intentó repoblar la villa. En 1344 Alfonso XI entrega la villa y el castillo a Leonor de Guzmán quien los mantuvo en su poder hasta su muerte en 1350.

Enrique II concede a su hijo natural D. Enrique la población con el título de Conde de Cabra. En el año 1405 Enrique III entrega la villa y el castillo al señor de Baena y alcaide de los Donceles, Don Diego Fernández de Córdoba y Carrillo. En 1445 Enrique IV nombra a Diego Fernández de Córdoba y Montemayor Conde de Cabra que convierte el castillo en su residencia. Y en el primer tercio del siglo XVI con el matrimonio de Luis Fernández de Córdoba, IV Conde de Cabra, con Elvira Fernández de Córdoba, II duquesa de Sessa, quedó incorporada a la casa de Cabra la Casa de Sessa. De aquí que actualmente se conozca la fortaleza como “Castillo de los Duques de Sessa o de los Condes de Cabra”.

El castillo-residencia cobrará magnificencia cuando a mediados del siglo XVI Gonzalo Fernández de Córdoba y Fernández de Córdoba, V Conde de Cabra y nieto del Gran Capitán, construya el palacio residencial.

En 1899 los condes venden el castillo por 25.000 pesetas a Antonio Ortiz y Juan de Dios Amo quienes, por el mismo precio, lo venden a las Escolapias con el fin de dedicarlo a enseñanza, quedando la mayor parte del castillo invadida por los edificios destinados a la educación.

El castillo (BIC-1961), situado en el noroeste de la población, está emplazado sobre una elevación de 452 metros sobre el nivel del mar, desde la que se domina Cabra y, de manera primordial, el barrio de La Villa y la Plaza Vieja. La fortaleza de origen árabe fue reedificada en el siglo XIV. Estaba dentro del recinto amurallado que contaba con adarve o paso de ronda y estaba reforzado por 18 torres redondas y cuadradas, dotadas de almenas, aspilleras y protegido por un foso.

El castillo contaba con una extensa plaza de armas cuadrangular en la que hoy se encuentra un pequeño jardín con un estanque en el que se erige una columna rematada por un doble escudo.

De las torres se conservan dos. En el noroeste se aprecia parte de una torre de unos 10 metros que, conocida como “Torre Juana”, es maciza en su parte inferior, cuadrada y presenta una sala abovedada. (Hay indicios de otras dos torres que flanqueaban la entrada al recinto. En el año 2016 al realizar obras en la entrada del castillo apareció la parte baja de una torre posiblemente de los siglos XIV-XV).

La otra torre es la del Homenaje que, situada en el lienzo este y de tendencia cuadrada, cuenta con unos 20 metros de altura. Fue reedificada con mampostería reforzada con sillares en las esquinas en el siglo XVI cuando el castillo pasa a ser residencia de los condes. Tiene una cámara con bóveda ochavada y decoración neomudéjar. La iluminación se consigue mediante tres ventanas. Dos ajimezadas con arcos de medio punto que exteriormente pueden observarse desde el patio y desde la Plaza Vieja. Una estrecha escalera de piedra conduce a la terraza que corona la torre y desde donde se puede apreciar una amplia panorámica de la población y su entorno.

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