ESPEJO. Castillo Ducal de Espejo.

Espejo, la antigua “Claritas Iulia”, es un pequeño pueblos de la campiña cordobesa de algo más de 3.400 habitantes, distante unos 35 km. de la capital. Su localización geográfica –cruce de caminos- propició que en época ibero-turdetana se asentara un pequeño núcleo de población que con el tiempo se convirtió en “UCUBI”, uno de los enclaves neolíticos más antiguos de la provincia de Córdoba. Sus habitantes construyeron una fortaleza o atalaya que transformó el lugar en un bastión defensivo de gran valor estratégico y táctico..

El castillo de Espejo se asienta en el cerro más alto de su entorno, a unos 418 metros de altitud. Su privilegiada situación –desde él se divisan siete pueblos de la provincia- le confiere un gran valor estratégico. Por un lado, la altura del cerro favorecía su defensa; por otro, podía ser utilizado como torre de alerta y vigilancia.

Los orígenes del castillo, según Lope y López de Rego (“El castillo de Espejo”,1993), entre otros, se remonta a la época ibero-turdetana sin fijar fecha de su construcción. Basa su hipótesis en que Cneo Pompeyo, en los escarceos bélicos previos a la batalla de Munda, conquistó Espejo y reconstruyó las murallas y su castillo. Otros autores coinciden en que, cuatro o cinco siglos antes de la llegada de los romanos, Ucubi era un oppidum rodeado de una muralla. Desde la fortaleza, sus habitantes se comunicaban fácilmente con otros oppidum y torres vigías como el Cerro de la Pontanilla, Casa del Duque, Ategua, Cerro Boyero, Torreparedones, Izcar, las Vírgenes…

Cuando la reconquistan los árabes, reconstruyen las murallas e hicieron un bastión inexpugnable que llamaron Alcalá. La obra de mayor importancia realizada en el castillo por los árabes, según Lope y López de Rego, fue la construcción de la Torre del Homenaje y la elevación de sus murallas. Hacia 1240, cuando Ben Hud entrega la torre de Alcalá a Fernando III, estaba deshabitada y gran parte de su muralla y del castillo destruidos

El monarca la donó a la poderosa Orden de Santiago. Aunque esta Orden la poseyó durante un corto período de tiempo, dejó su huella en el escudo de Espejo en el que aparece de forma destacada la cruz de Santiago en gules. Cuando Fernando IV (1303), otorga a Pay Arias de Castro el señorío de Espejo, sólo sobreviven unas torres de su propiedad. Pay Arias, consciente de la importancia estratégica que por su situación tenían dichas torres, las reconstruye.

Posiblemente, es Pay Arias quien confiere al enclave defensivo la estructura e imagen del castillo actual, pues la mayoría de autores coinciden en que se levanta a finales del siglo XIII. Sin embargo, queda poco de la construcción primitiva de Pay Arias y según Ramírez de Arellano y Dionisio Ortiz Juárez, el actual castillo, al menos en lo que se percibe a simple vista, es resultado de las obras que se hicieron en el siglo XV.

El castillo que es de planta cuadrangular está protegido por cuatro torres situadas en cada uno de los vértices. Sus torres y muros perimetrales están coronados por almenas o merlones. En el centro del conjunto emerge majestuosa la Torre del Homenaje, símbolo de poder y de jurisdicción. A la torre, en cuyos bajos se alojan las mazmorras, se sube por una escalera de piedra en caracol. En el extremo sur del albacar, señorea la Torre del Caballero, una torre albarrana de menor altura que comunica con la iglesia parroquial.

La fachada que da entrada a la fortaleza –hoy día habilitada para vivienda- está profusamente decorada con ventanas geminadas. A la entrada, a la izquierda, se encuentra el oratorio, una pequeña capilla presidida por una imagen de piedra que, según Ventura Gracia, puede ser la Virgen de la Fuensanta. Frente a la capilla, la sala del Sagrado Corazón, así llamada porque, donde en su día debió estar situado el escudo de armas, se encuentra una imagen del Sagrado Corazón. Esta sala comunica con el salón azul que da a un patio central de grandes arcos en cuyo subsuelo se halla un aljibe.

En la puerta de la capilla se inicia una galería lateral que sirve de distribución a las distintas dependencias: comedor, cocina de campo, dormitorios y patio de armas. La planta alta alberga cuatro dormitorios, galerías y salas. Como en todo castillo, existen galerías subterráneas que comunican el recinto con el extrarradio de la población. Al estar cegadas sus bocas, sólo está localizada la que parte del aljibe y confluye en la Albuhera, antiguo lacus o depósito de un acueducto romano que abasteció de agua a Espejo.

En 1909, Mariano Téllez-Girón y Fernández de Córdoba, XXVII Señor de Espejo, hereda el Ducado de Osuna. Cuando muere en 1931, pasa a su hija Ángel María Téllez-Girón y Duque de Estrada, XVI duquesa de Osuna y XXVIII señora de Espejo. Tras su muerte en 2015, sus hijas heredan títulos, bienes y posesiones. Ignoramos a quien o a quienes ha correspondido el castillo, pues sus herederas, tras adir la herencia litigan por su posesión. Su primogénita, Ángela María de Solis-Beaumont y Téllez-Girón, ha heredado del Ducado de Osuna, título al que estaba vinculado el castillo.

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